¿Dónde está la cueva de Hércules?

La cueva de Hércules

¿Dónde está la cueva de Hércules? Parte I

Muchos de los viajeros que se acercan a Toledo y realizan las rutas nocturnas con la OTO, nos preguntan por unas de las claves esotéricas más recurrentes, ¿dónde está la cueva de Hércules? ¿Verdaderamente existe este lugar? La respuesta no es sencilla, no es un simple “sí o no”, no podemos cerrar la cuestión con un “todo es mentira”, o “realmente se sabe con toda certeza que…”.

En este artículo dividido en varias, daremos algunas claves que son al día de hoy, las que más aceptación tienen y por qué no, lanzaremos con libertad y criterio nuestras hipótesis a cerca de esta enigmática cuestión.

Para comenzar nuestro viaje subterráneo hemos de responder a la mayor, ¿qué es la cueva de Hércules? Muchos documentos históricos y legendarios (también cronicones), la describen como un lugar que esconde un gran tesoro, una montaña de oro y alhajas esperando que alguien lo posea. Esta imagen habrá dejado insomne a muchos que desean y esperan de la vida sólo eso, riquezas materiales, y así sólo el profano quedará sumido a este nivel.

Como siempre hemos de atender, leer entre líneas, estar despiertos y encontrar el mayor de los tesoros en lo más profundo de esta sima, ¿qué es lo más valioso que uno puede atesorar? O mejor, ¿qué consideras qué es más valioso para ti? Sólo el que busca encuentra… Y sólo podrás encontrar aquello que ya posees y está escondido.

La Tradición Esotérica, madre y nexo del Todo, nos habla del Conocimiento, la Gnosis, para otros y de forma más abultada, aquello que llamamos Magia.

La cueva de Hércules es el símbolo del espacio donde se imparten enseñanzas mágicas, lugar donde se enseñan los misterios de las ciencias ocultas, escuela o aula abierta a la heterodoxia donde sólo los elegidos podían acceder, y donde se entregan los saberes de la ciencia primigenia que anima y somete lo invisible, o incluso con una visión más nigromántica, el espacio donde era posible el arte de invocar a los espíritus para que obedecieran a la voluntad del mago. Y por si fuera poco, construida in illo tempore por un héroe, el infatigable guerrero Hércules, arquetipo invencible de los que luchan con favores divinos contra fuerzas malignas, aunque en una versión que bebe más de un paganismo con origen en los Misterios del antiguo Egipto.

La cueva de Hércules

Es cierto que Toledo por su especial orografía es un intrincado escenario de cuevas donde uno intuye (sin equivocarse), que es más lo que esconde que lo que puede ver paseando por sus calles. Es cierto que son muchos los relatos medievales (y posteriores) de dichas cuevas y sus evidencias son los descubrimientos de nuevos espacios al día de hoy, como indicándonos que hay un mundo oculto que espera ser revelado, que aún duerme y quiere despertar. Y no es menos cierto que los estudios arqueológicos dan con las claves de lo que fueron muchos de estos espacios, sí, pero hay otras cuevas que dejan un hilo de esperanza al buscador de misterios y nos muestran pistas que ahora seguiremos…. En este artículo nos ceñiremos a las cuevas que al menos tienen visos de amoldarse a la realidad-mito de la cueva de Hércules.

Como primera ubicación por ser la más fácil de visitar, por estar a tiro de piedra (o a la vuelta de la catedral), y formar parte del patrimonio desconocido de Toledo, visitada sin mayor complicación de forma libre o concertada, nuestros pasos se detienen en lo que se ha venido a conocer por algunos toledanos como “la cueva de Hércules turística”, que no por este calificativo ha de ser menos interesante que otras. Este hipogeo está ubicado en los sótanos de la calle de san Ginés y actualmente pertenece al Ayuntamiento de Toledo, realizándose en su nivel superior exposiciones y sirviendo de espacio cultural polivalente. Pero al bajar a las entrañas de este lugar nos encontramos con una antigua construcción romana que formaba parte del “castellum aquae”, o depósitos de agua que distribuían el preciado elemento a parte de la ciudad, formando un profundo pasillo de sillares con arcos cegados. Pero casi de soslayo, en una de sus esquinas, pasando desapercibida a la mirada de los turistas, encontramos una apertura cegada, un agujero que sirvió en tiempos de vía de exploración a un grupo de intrépidos buscadores de tesoros siguiendo la pista de la afamada cueva mágica. Fue el cardenal Silíceo (1546), el que con la esperanza de acallar los rumores sobre tesoros fabulosos o demás realidades extraordinarias, mandó una expedición (en algunas versiones de diez hombres) que obtuvo el resultado contrario, ya que sabemos que al salir, estos valientes exploradores a los poco días murieron (no se especifica la causa), pero que bajo juramento describieron lo siguiente: “ a media legua entre levante y septentrión se toparon con unas estatuas de bronce sobre un ara, que una de ellas se cayó con gran estruendo y salieron asustados”, como nos indica el doctor Salazar de Mendoza en una crónica de 1625.

La cueva de Hércules

Este suceso contribuyó a aumentar más si cabe la hipótesis de la existencia real de una gran caverna con guardines (por lo tanto protegen algo valioso) y los rumores de una maldición a todo aquel que ose a entrar en un lugar encantado que se defendía (con la muerte) de todo aquel que no fuera el elegido o no estuviera preparado de afrontar todo lo que podía poseer de maravillosos ese peligroso lugar.

Continuará…

Julio César Pantoja.

OTO (Orden del Toledo Oculto).