Ana María García, la lobera. Brujas y lobos ante la Inquisición en Toledo

Lobos Ana María

Este es un caso de los que hacen historia, historia viva de la España mágica, un relato con protagonistas de carne y hueso rodeados de hechos fantásticos que nos recuerdan el arraigo que tuvieron las tradiciones paganas en nuestro país. Un caso excepcional de brujería que nos ha llegado de manera documental para poder reconstruir los hechos que llegaron a juzgarse finalmente en Toledo.

¿Cuál es la diferencia entre brujería y hechicería?

Para comenzar tenemos que distinguir una serie de actividades que casi siempre se meten en el mismo saco pero que no pertenecen en estricto sentido a la misma categoría de clasificación, al menos si lo queremos distinguir desde el punto de vista tanto cultural como legal, ya que no era lo mismo enfrentarte a un juicio religioso como bruja que como hechicera.

La hechicería se presenta como una actividad que genera una heterogénea venta de remedios y soluciones para todo tipo de males ya sean estos de salud, dinero, amor, predicciones de futuro, búsqueda de personas perdidas y un largo catálogo de servicios que están dentro del saco de la superstición o al menos de los supuestos poderes y capacidades que posee el hechicero a la hora de utilizar todo tipo de remedios. Su localización es más urbana, ubicada casi siempre en los extrarradios y arrabales y muy relacionada con la vida de los bajos fondos, prostitución, delincuencia, incluso delitos violentos, ajustes de cuenta, asesinatos, etc. Esto nos puede dar una idea clara del ambiente y las circunstancias que rodean al fenómeno de la hechicería, un “mal menor” admitido como parte del tejido social de las ciudades.

Sin embargo la brujería y según el prisma que nos ofrece la cultura cristiana, la ejerce aquella persona que procesa un culto en el que venera al diablo como máxima figura. Se trata por lo tanto de una herejía, una desviación del camino recto de todo el que esté bautizado (ya que la Inquisición sólo podía juzgar a los cristianos), y que puede verse involucrado en la idolatría al maligno, ya sea por voluntad propia o por engaño. En este sentido siempre dentro de la brujería se realizan rituales muy relacionados con el culto a la naturaleza, en fechas significativas de cambios estacionales, solsticios y equinoccios, lo que ha llegado a entenderse que verdaderamente se trataba de antiguos cultos paganos de carácter ritual para venerar los ciclos de la naturaleza, aún así constituían un catálogo de prácticas prohibidas y perseguidas.  Esta brujería es de origen rural y se  pierde en la lejanía de las aldeas y pueblecitos que no estaban tan controlados y vigilados por el cristianismo y en los que pervivía una manera de vivir y de ver el mundo mucho más imbuida en el pasado pagano que en el dogma cristiano. Para otros historiadores y antropólogos como Julio Caro Baroja la visión complementaria que nos ofrece es muy interesante ya que apunta a una serie de comportamientos cuyo motivo principal es la rebeldía, un modus vivendi que se entiende como una reacción a lo impuesto y que no tendría una connotación satánica. Quizás todo lo expuesto hay que comprenderlo en un contexto cultural en donde todo podía estar combinado o intoxicado y por lo tanto los delitos o acusaciones tanto de hechicería como de brujería se mezclaban en un mismo asunto judicial. Hay que decir que aquí en España no hubo una caza de brujas sistemática tal y como nos ha llegado reflejada en un imaginario colectivo de películas, series y novelas que exageran los casos para hacerlos más espectaculares, lo que sí hubo fue una persecución de casos particulares muy interesantes y una Inquisición que salvo contadas excepciones se mostró benévola y con un prisma bastante racional ante estos hechos. Un caso claro es el que nos lleva este artículo de hoy sobre Ana María García, la lobera.

Ilustración bruja y lobos

Vida y avatares mágicos de Ana María

Caso muy bien documentado por ser proceso inquisitorial, sabemos que nuestra protagonista nace en 1623 en la localidad asturiana de Llanes y ya cuenta la leyenda que era la séptima hija de siete hermanas, lo que entronca con una antigua tradición que nos habla de la maldición de los séptimos hermanos en los entornos geográficos de la cornisa cantábrica, por la cual este hijo puede convertirse en lobisome o en lobero, esto es, por un lado acabar siendo un hombre lobo y transformarse en esta bestia las noches de luna llena causando muertes y pavor, o por otro lado, tener la capacidad de dominar a los demonios con forma de lobo para que actuaran en tu nombre y así cundiera el pánico en una población o incluso en una comarca. El origen de estas supersticiones se encuentra en creencias paganas y su simbolismo con el lobo, animal a la vez venerado y temido que representa la fuerza indómita y una clara amenaza al ganado, sustento de muchas familias. Otras supersticiones en este sentido nos dirigen al mismo camino, ser lobisome o lobero pero por haber sido amantado de bebé por una manada de lobos o haber estado expuesto de recién nacido a la luz de la luna llena varias noches, todo un conjunto de creencias que siempre nos lleva a lo miso, la relación entre el hombre civilizado y un entorno natural salvaje y a veces cruel.

Sea como fuere, Ana María no tuvo mucha suerte en su infancia porque fue entregada en adopción ya que a los dos años se quedó huérfana y sus hermanos no quisieron o no pudieron encargarse de ella. Pasó por mano de varias familias y parece que no encontró con ninguna la felicidad. A los 14 años queda embarazada y huye a Bricia, una localidad cercana donde será una de las protegidas de Catalina González, una de las mujeres con fama de bruja más importantes de aquella zona. Es aquí donde comienza ese periplo de vida conectada a las artes mágicas ya que Catalina adiestrará en todos sus saberes a Ana, la cual se muestra como una de sus mejores discípulas. Y pasó el tiempo, y la vieja Catalina antes de fallecer le entrega a Ana María varios objetos: un saya, un bastón y sobre todo le entregará un conocimiento, el de invocar a siete diablos en forma de lobos para que le obedezcan. El ritual consistía en emitir un silbido concreto que hacía convocar a estos diablos, siete en total, los cuales podía controlar protegida dentro de un círculo mágico. Cada uno de los lobos era de pelaje y dimensiones diferentes y cada uno de ellos también poseía un nombre distinto. Moviendo su bastón los dirigía para que cumplieran con su voluntad. Nos podemos imaginar esta imagen a la luz de la luna llena y en un claro del bosque asturiano, una escena que conecta mucho con símbolos ancestrales del dominio de la naturaleza.

Su periplo por España

Ana María era un espíritu libre y recorrió parte de España con o sin compañía. Se sabe que en ocasiones se unió a los vaqueiros, expresión para nombrar a los pastores asturianos que han llegado a formar un grupo étnico ya que sus costumbres han permanecido inalteradas a lo largo del tiempo.  Una mujer bella físicamente que unida a sus supuestas capacidades mágicas podía aumentar más si cabe su atractivo. Recorriendo parte de España era famosa por tener un amplio conocimiento de las plantas y sus propiedades tanto para curar como para envenenar, siendo amiga y enemiga a la vez, pudiendo ayudar con la prosperidad del ganado pero a la vez siendo temida ya que si alguien no sucumbía a su voluntad, se podía vengar enviando toda la furia de su horda de demonios y lobos para actuar como venganza.

Ana María García la lobera

Juicio de la Inquisición : Toledo, 3 de agosto de 1648.

Llega a Toledo y tan sólo un mes después es denunciada por María del Cerro, la esposa de un mayoral con la que entabla cierta relación de confianza y que logra sonsacar la máxima información sobre su vida y su relación con las artes mágicas. Con este valioso testimonio presentará hasta un total de ocho cargos contra Ana María que es acusada formalmente en el tribunal del santo Oficio de Toledo. Podemos resumir los cargos en los siguientes: pacto con el diablo, práctica de la Brujería, basada en el relato de su vida e instrucción con Catalina González;  invocación y poder sobre 7 demonios en forma de lobos; conocimiento de palabras para dominar a estos demonios; utilizar este poder en su favor amenazando a toda persona que no se doblegara a su voluntad; ataques específicos: estos lobos habían matado a una bestia de carga, 3 cabras, y otras cabezas de ganado.

El fiscal de la Inquisición le obligó a que pronunciara las palabras mágicas para invocar a los diablos pero ella se negó diciendo que si las pronunciaba, un terrible mal caería sobre las personas que las escucharan. Cosa que en el juicio jugó a su favor. De Catalina González comentó que la conoció y que sí le entregó una saya pero que nunca se la puso y además alegó que en su vida había sido engañada en muchas ocasiones presentándose como una víctima y que ella nunca había obrado el mal deliberadamente y además no se pudo demostrar ese poder sobre los lobos ya que en el juicio no hubo nadie que fuera a declarar como testigo directo. Además ella hizo un acto de constricción y arrepentimiento prometiendo no ofender más a Dios y ser una buena cristiana. Por todo esto, la sentencia fue bastante favorable y la impone pasar cuatro meses de cristiana instrucción y regresar a Asturias sin posibilidad de volver nunca más. Como vemos no hay torturas, ni pena capital, ni nada que no sea un correctivo y la aceptación de su arrepentimiento.

Conclusiones sobre el caso de Ana María García

No es habitual tener documentación y juicio de loberos, de hecho este se considera como el único de una lobera en España. Lobero es toda persona que tiene bajo su influencia una manada de lobos con el objeto de hacer el mal o causar perjuicio ajeno. O sea, que Ana María podía enviar a los lobos contra el ganado o las personas con el propósito de atacar, herir o matar y además ejercer miedo y terror no sólo a las víctimas directas sino también a toda una comunidad, a un pueblo o a una comarca. Esto le daba un poder a la lobera casi ilimitado. Además y como hemos visto, este tipo de ataques muy a menudo se confundían con cuestiones supersticiosas y vinculadas al diablo, las maldiciones y las desgracias en general provocadas por fuerzas desconocidas y malignas. Esta connotación hacía más si cabe que cundiera el pánico y que estos loberos fueran muy temidos pues se les achacaba una serie de poderes mágicos. Pero ¿Qué puedo ocurrir realmente? Se barajan varias posibilidades siendo la que más peso tiene que durante su instrucción en Asturias por Catalina González, le enseñara a adiestrar una camada de lobeznos para que acudieran raudos a la llamada de su dueña y cumplieran con sus órdenes, una técnica que pudo depurar Ana María rodeándola de toda una parafernalia ritual.

Si la magia se puede definir como el dominio sobre las fuerzas ocultas de la naturaleza, podemos decir que Ana María lo consiguió, ya que pudo controlar quizás al animal que mejor representa la fuerza indómita y su temor reverencial por parte del ser humano. El lobo temido hasta el día de hoy es sin duda el mejor ejemplo de esa naturaleza misteriosa que es la protagonista de esta historia.