Alcázar Toledo

Muy posiblemente el Toletum que encontró Roma en su conquista de Hispania y en sus campañas contra la Carpetania, entre los años 193 y 179 a.C. , era un pequeño oppidum o “ciudad céltica” que a modo de poblamiento de mayor tamaño que el del mero castro, más sólidamente fortificado y estratégicamente ubicado, ejercía de capital del territorio carpetano. Dicha capital tendría en su órbita otros asentamientos más pequeños en entidad y fortificación (los castros propiamente dichos) que dependerían de él como centro del orden sociopolítico y socioeconómico de una Carpetania cuya estatalidad, sería todavía algo precaria y limitada. Siendo ese carácter de protoestatalidad, un rasgo característico del mundo celtibérico. No así del mundo lusitano, galaico o cántabro que permanecerán en un orden mucho más básico de meros castros sin grandes oppida o “capitales” generadoras de cohesión y centralidad.

En este sentido por decirlo así, el oppidum por excelencia de la Hispania prerromana, habría sido Numancia. La famosa ciudad celtibérica rebelde contra Roma, que era capital de los celtíberos arévacos, pero también cetro de autoridad y protección de otros celtíberos como los pelendones, los titos, los belos…

Este Toledo prerromano es así desde el mismo momento de su aparición en la Historia, una ciudad importante, en este caso de la Edad del Hierro, capital de un pueblo céltico de Hispania conocido como los carpetanos.

Dicho esto, sería donde a día de hoy se levanta el Alcázar, que estaría el castro seminal del cual surgió y creció la capital carpetana. Es bajo los muros y restos medievales del Alcázar, que se encontrarán las raíces célticas germinales y originales de la ciudad de Toledo. Ciudad que como veremos, fue ya desde el `principio una Urbs Regia, o “Ciudad del Rey”.

Toledo nace así desde el altozano en el que se levante marcial el Alcázar de Toledo, y esa colina, que es la más alta de las “siete colinas” que tiene Toledo, es el promontorio o cumbre desde donde Toledo fue ocupando poco a poco todo el monte en el que se ubica. Hasta llegar a los márgenes del río que la rodea, y fortificarse mirando al norte, único lado por el que se tiene acceso a la ciudad sin tener que cruzar el río.

Pero en aquel momento matriz del “Toledo céltico”, posiblemente la ciudad era poco más que la colina del Alcázar y su entorno.

Ese será el Toledo que se enfrentará a Roma…

Aquí casi es mejor dejar hablar a las fuentes clásicas, ellas mismas nos explican, por desgracia mucho más limitadamente de lo que nos gustaría, la conquista romana de Toledo:

El marco es el siguiente; el pretor romano Fulvio Nobilior se interna en la submeseta sur a través de territorio oretano (la Mancha), cruza hasta la Carpetania (el tramo medio del Tajo a su paso por la actual provincia de Toledo) y allí ataca a Toletum. Enfrente suyo lo que parecerá una confederación de distintos pueblos unidos en torno a la defensa de Toledo (vetones, vacceos y posiblemente los carpetanos propiamente dichos, citados aquí como “celtíberos”, si bien no queda claro del todo…). El hecho de que al frente de dicha confederación de pueblos se mencione la figura de un rex, de un “rey” (rex Hilernus), nos pone frente a la tesitura del ascendente y auctoritas que dicha Toletum y dicho rey Hilerno, debían tener entre los pueblos de su entorno. A modo de lazos de “clientela” o compromiso juramentado de ayuda mutua.

Alcázar noche Toledo

Las fuentes literalmente hablan así:
-Año 193 a.C.:
“Importantes fueron las operaciones llevadas a cabo por Marco Fulvio. Cerca de la ciudad de Toletum se enfrentó en batalla campal a los vacceos, los vetones y los celtíberos; derrotó y puso en fuga a un ejército de estos pueblos y capturó vivo al rey Hilerno” (Tito Livo. Ad urbe condita, 35, 7).
Una referencia más breve sobre esta misma campaña encontramos en Cornelio Nepote (De viribus illustribus, 52):
“El consul Quinto Fulvio Nobilior venció a los vetones y a los oretanos”.

-Un año después (192 a.C.):
“El proconsul Marco Fulvio libró con éxito dos batallas contra dos ejércitos enemigos y tomó al asalto dos plazas de los hispanos: Vescelia y Elón, y muchos reductos fortificados; otras se entregaron voluntariamente. Luego se internó en el territorio de los oretanos y después de apoderarse allí de dos plazas, Nobila y Cusibe, continuó si avance hacia el río Tajo. Allí se encontraba Toletum, una ciudad pequeña pero bien defendida por su posición. Cuando la atacó, acudió un numeroso ejército de vetones es ayuda de los toledanos. Se enfrentó a ellos con éxito en una batalla campal, y una vez derrotados los vetones, tomo Toletum con obras de asedio” (Tito Livo). Ad urbe condita, 35, 22).

Vemos así cómo Toledo, requerirá de dos campañas sucesivas. Una en el año 193 y otra en el año 192 a.C. Tanto en una como en otra acuden en defensa de la ciudad pueblos hermanados con los toledanos, como son los vetones, y en el caso de la primera campaña, la mención a un rey, y no a un mero “jefe” o “líder”, el rey Hilerno, nos pone frente a la tesitura de una jefatura en Toledo que trascendería quizás los meros márgenes de la Carpetania y prefiguraría quizás un “protoreino” con capital en Toledo, articulando a los distintos pueblos del entorno del tramo medio del Tajo. Es simbólico pensar que tiempo después y ya con los godos Toledo efectivamente, se convertirá en la “ciudad del Rey”; en la Urbs Regia.

Hay que pensar que el Toledo carpetano tuvo una importancia muy alta por su posición estratégica sobre un vado del Tajo; y que en la defensa común de la ciudad por parte de distintos pueblos, quizás se esté mostrando la preocupación y reacción de los pueblos hispánicos del entorno, a la pérdida del control del valle medio del Tajo y sus vados.

También llama la atención en el texto de Tito Livio la mención genérica a los pueblos prerromanos como “hispanos” (españoles) y la mención a los habitantes de Toledo como “toledanos”. Los toledanos existirían así desde la Edad del Hierro y antes de Roma, como los habitantes de una ciudad céltica prerromana.

Finalmente subrayar que la ciudad finalmente fue rendida mediante trabajos y máquinas de asedio. Y que sería en el entorno del actual Alcázar de Toledo, que dicho asedio debió llevarse a cabo. Es el entorno del Alcázar desde donde Roma se plantó frente a los toledanos hasta conquistarlos…

La conquista de la Carpetania no concluyó aquí y más adelante y en otros artículos la desgranaremos pero por ahora, el origen celta de Toledo y la conquista romana de la ciudad, y el Alcázar, como espada simbólica que desde lo alto vigila la ciudad que todos conocemos, nos señalan bajo sus cimientos, la antigua raíz y matriz primera de los toledanos y de la “Ciudad Imperial”…