El puente de San Martín Toledo

El puente de san martin

Dos impresionantes puentes históricos unen las orillas del Tajo, el puente de Alcántara y el de san Martín. De este último daremos algunos datos de interés y narraremos la leyenda que le da fama, y le reconoce como un lugar de promesas salvadas por un amor incondicional capaz de todo para que seguir intacto.

Construido en el siglo XIII,  este puente medieval de estilo mudéjar se distingue por sus dos  torreones a ambos externos, con un gran arco central se erige robusto con sus piedras de sillería que sufrirá una serie de desperfectos provocados por la larga guerra civil que protagonizaron Don Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique II de Trastámara. Al quedar semidestruido, el arzobispo Tenorio, el gran “constructor” y mecenas de varias obras públicas y religiosas (como la construcción del claustro de la Catedral), lo reformará en 1390 para darle la estructura definitiva que hoy conocemos, aunque hubo una ampliación de su anchura en tiempos de Carlos II y finalmente el suelo quedó pavimentado.  Pero si su historia es interesante, no lo es menos su leyenda…

Cuenta la leyenda del Puente de San Martín

Se cuenta que en tiempos de su reconstrucción se contrataron los servicios de un alarife (palabra de origen árabe “al-arif”: maestro de obras). Con la emoción del encargo y sabiendo que era un trabajo que podía encumbrarle, adelanta todo lo que puede los tiempos para entregar la obra antes de lo previsto y así ganarse la aprobación tanto del arzobispo Tenorio,  mecenas del puente, como de toda la ciudad, pero ya sabemos que las prisas no son buenas consejeras.

Algo horrible ocurrió justo la noche previa a la inauguración, nuestro alarife rompió a llorar cuando revisando los planos del puente, cayó en la cuenta de que había cometido un grave error de cálculo y que al quitar las cimbras que sujetaban la estructura del puente, éste se vendría abajo sin remedio ni solución. No sabía cómo actuar, tenía que decirlo ya que podía provocar víctimas mortales pero a la vez si lo hacía, su reputación se derrumbaría como aquel gran puente. ¿Qué hacer? ¿Cómo evitar la desgracia? ¿Cómo enmendar ese grave error? Este arquitecto se había metido en un laberinto del que no podía salir. Enseguida su esposa vino a consolarle y él le explicó la fatídica circunstancia en la que se veía sumido. Secando sus lágrimas, la mujer del alarife se apartó de la alcoba donde se encontraba su entristecido esposo y comenzó a pedir a Dios por una solución, tras unos segundos de meditación, la respuesta le vendría por la luz de un pequeño candil que ardía en su casa. El puente se sujetaba por unas cimbras de madera y cuerdas que soportaban los arcos, y el más devastador enemigo de la madera es el fuego, un pequeño fuego podría comenzar una gran destrucción y eso era lo que ella necesitaba para echar abajo el puente. Sin pensarlo dos veces cogió ese candil y en la noche silenciosa, mientras Toledo dormía, llegó hasta la base de su estructura y comenzó a propagar el fuego por aquellos puntos donde la madera sujetaba el peso de la estructura. Y así se iluminó la noche, y en muy poco tiempo un sinfín de resplandecientes llamas entrelazadas devoraron el puente de san Martín…, y de repente, como un presagio sobrenatural de aquella acción se levantó un terrible viento y el cielo se llenó por el sonido de un trueno casi ensordecedor, el choque del sonido en el silencio de la noche despertó el miedo de la mujer del alarife que huyó de la escena cuando se aproximaba una gran tormenta, ¿Qué pasaría finalmente con el puente?  

A la mañana siguiente y ya amainada la terrible tormenta, los toledanos se levantaron viendo que el espacio que ocupaba el puente de san Martín, se había convertido en una montaña ruinosa de piedras fruto de la devastación de la tormenta. Todos achacaron el incendio del viaducto a los numerosos rayos caídos en la noche anterior y así todos, creyeron que lo único que se podía hacer era levantar ese puente de nuevo. El arzobispo Tenorio confió en el alarife como lo hizo antes, que ya tuvo el tiempo suficiente para enmendar sus errores y trazar correctamente los cálculos para levantar una estructura perfecta que  aún hoy sirve con su función original dibujando en lo alto del Tajo una conexión entre dos orillas, la de los toledanos con su cuidad y la orilla que comunica el amor incondicional de una mujer para seguir unida con su esposo.

Al día de hoy, es inevitable pasear por este puente y no sentir que parte de la robustez de sus sillares, también se debe a la fortaleza de esta bonita leyenda que permanece indemne y sin daño como el honor del alarife.

¿Dónde está el puente de San Martín en Toledo?