Los Godos en Toledo

La Epopeya Goda

El viaje de los godos arrancó en las lejanas tierras del sur de Suecia para recorrer así gran parte del este y sur de Europa. Un periplo que conllevó la división de los godos en tervingios y en greutungos a orillas del mar Negro, o lo que es lo mismo, en visigodos y en ostrogodos. Dos pueblos pero una misma esencia goda. Tanto visigodos como ostrogodos se vieron condicionados por la llegada desde Asia de los temibles hunos. Esta circunstancia provocó que, por un lado, los ostrogodos quedasen bajo la órbita de los hunos hasta la famosa batalla de los Campos Cataláunicos del año 451 en la que Atila fue derrotado por una coalición romano-visigoda y, por otro, que los visigodos cruzasen la frontera imperial y comenzase una relación que bien podríamos definir de “amor-odio” con los romanos. En esta larga marcha, ahora ya por territorio imperial, los visigodos a finales del siglo IV recorrieron tierras griegas, avanzaron seguidamente por la costa adriática hasta invadir la península Itálica y plantarse a las puertas de Roma.

En el año 410 los visigodos comandados por Alarico, el primero de la famosa lista de reyes godos, saquearon la Ciudad Eterna llevándose una gran cantidad de tesoros, entre ellos la mesa del rey Salomón (elemento clave en muchas de nuestras rutas por el Toledo Mágico). Posteriormente, tras muchos avatares con el Imperio Romano de Occidente, los visigodos se establecieron en el sur de Francia y parte de Hispania [1] fundando el conocido como Reino Visigodo de Tolosa por hallarse en la ciudad francesa de Toulouse, Tolosa en castellano, su capital. El sueño tolosano se esfumó en el año 507 cuando los francos de Clodoveo derrotaron a los visigodos de Alarico II en la batalla de Vouillé. Pudo ser peor si los ostrogodos de Teodorico el Grande, quien había levantado un poderoso reino en la península Itálica, no hubiesen intervenido frenando el avance franco y tutelando a continuación los restos del Reino Visigodo. Derrota en Vouillé que a la postre traería consigo el nacimiento del Reino Visigodo de Toledo, germen de la actual España

Estatua Leovigildo

Los reyes Godos en Toledo

Mediados del siglo VI fue una periodo clave para ambos reinos godos., Así, los ostrogodos sucumbían poco a poco en una cruenta guerra contra el Imperio Bizantino que les llevaría a la pérdida de su reino. Por su parte, los visigodos se desangraban en Hispania en una terrible guerra civil de la que saldría vencedor el monarca Atanagildo. El momento clave para el reino toledano llegó de la mano de su “arquitecto”, el soberano Leovigildo, quien gracias a su proyecto político fortaleció y engrandeció el reino transformando Toledo en una auténtica urbs regia. La obra de Leovigildo falló a nivel religioso, dado que su pretensión era que el Reino Visigodo fuese arriano. Sin embargo, su hijo y sucesor, Recaredo, completó la obra de su padre pero desde el prisma católico, ya que bajo su reinado tuvo lugar el III Concilio de Toledo en el año 589 fecha en el que los visigodos abandonaron el cristianismo arriano para abrazar la fe católica que profesaba la mayoritaria población hispanorromana.

El esplendor godo de Toledo y de Hispania había comenzado con Leovigildo y Recaredo y prosiguió a lo largo del siglo VII con un monarca guerrero pero a la par que culto como Sisebuto o con el soberano Suinthila, el cual consiguió la unificación de Hispania en el año 625 expulsando a los bizantinos, quienes se habían instalado en el sur en el contexto de la guerra civil de la que salió victorioso Atanagildo. Otro episodio fundamental fueron los reinados de Chindasvinto y Recesvinto, puesto que se promulgó el corpus legislativo conocido como Liber Iudiciorum para cerrar así la unidad a todos los niveles (territorial, religioso, y legislativo) del Regnum Gothorum. El último gran monarca del esplendor godo fue Wamba, el cual no quiso aceptar la corona hasta que el arzobispo de Toledo no le ungiese con el óleo sagrado en la urbs regia toledana certificando así, más si cabe, la significación de nuestra ciudad dentro del reino: “no consintió sin embargo ser ungido mediante la imposición de manos del obispo antes de llegar a la ciudad real y sentarse en el solio de la antigua patria” (trad. Pedro R. Díaz y Díaz). Nada sucede por casualidad.

La caída del reino aconteció a principios del siglo VIII teniendo en el triunfo de los musulmanes, llegados a la península Ibérica en el contexto de otra guerra civil entre facciones godas, en la batalla Guadalete del año 711 y en la muerte del rey Rodrigo su más claro reflejo. A partir de aquí comenzará lo que se denominó “la pérdida de España”, una pérdida cargada de mitos y leyendas. De este modo, véanse por ejemplo las leyendas de la mesa del rey Salomón o la del rey Rodrigo y la Cava Florinda que vienen a reafirmar que Toledo no era ni es una ciudad más, puesto que estamos hablando del corazón del mismísimo Regnum Gothorum

Nuestra labor

No podemos entender Toledo sin adentrarnos en su condición de urbs regia durante la época goda y es por ese motivo que en distintas ocasiones hacemos referencia a este hecho durante nuestras rutas o incluso lo llegamos a convertir en protagonista como sucede en la visita guiada por el Museo Arqueológico Nacional (Madrid), Raíces y Esencia de Hispania, o en la ruta especial Misterios Godos/Bárbaros. Conjuntamente, en el afán por estudiar y divulgar este periodo también hemos estado presentes en queridos programas de radio como La Escóbula de la Brújula (Podium Podcast-Cadena SER), Espacio en Blanco (RNE) o en SER Historia (Cadena SER) o hemos publicado libros como Vouillé, 507. El nacimiento del Regnum Gothorum de España (HRM Ediciones) o Bárbaros en Hispania. Suevos, Vándalos y Alanos en la lucha contra Roma (La Esfera de los Libros). Y es que para nosotros la aventura de los bárbaros en general y de los godos en particular continúa…     


1 Anteriormente a los visigodos, otros pueblos bárbaros habían entrado en suelo hispano, en este caso hablamos de suevos, vándalos y alanos que en el año 409 hacían su aparición en la península Ibérica en el contexto de las guerras internas por el trono imperial. Los visigodos, a través de un acuerdo con el Imperio, penetraron en Hispania y derrotaron a vándalos silingos y alanos para regresar después a su establecimiento en el sur de Francia. En este contexto, los vándalos asdingos, junto a los restos de los mencionados pueblos derrotados, cruzaron más tarde al norte de África para fundar un reino, cuya capital sería la vieja Cartago, que sobrevivió hasta su conquista a manos bizantinas en el año 534. Los suevos, en cambio, crearon un reino en el noroeste peninsular que resistió hasta la conquista realizada por el rey visigodo Leovigildo en el año 585.