El Brujo de la Sombra

El Brujo de la Sombra

Desde el Medievo Toledo tuvo la fama a veces ganada a pulso, de lugar donde se aprendían las enseñanzas mágicas y esotéricas. Las cuevas fueron el escenario escogido, acuñándose como expresión “los nefandos gimnasios”, oscuros lugares donde todo era posible, el espacio donde concurrían magos y demonios, y de este encuentro nos ha llegado una antigua leyenda…

Cuenta esta historia que el Marqués de Villena, hombre de letras versado en el arte toledano o magia de los demonios, se citaba con un puñado de alumnos en las escuelas secretas de Toledo, subterráneos espacios que al escondite de incómodas miradas, aprendían el dudoso arte de la Nigromancia. El maestro de estos saberes no era otro sino Lucifer. Con tan ilustre mentor, daban con las claves que dominaban la naturaleza de todo lo visible e invisible.

Pero existía un pago a todas estas enseñanzas, uno de los alumnos, tenía que dar como retribución su propia alma al Príncipe de las Tinieblas, caro le salía para toda la eternidad. Terminada la instrucción en estos vericuetos del conocimiento, fue el Marqués el elegido para tan dudoso honor de pagar a su maestro.

Cuenta la leyenda que en un cruce de caminos se presentaron y firmaron un contrato, lo que no supo nunca el Señor del Infierno es que su alumno, destacado entre los destacados, utilizó sus propias argucias aprendidas en aquel curso y en el acto entregó su sombra y no su alma, burlando así a Lucifer.

Y quedando así la cosa, en algunas noches frías y de niebla, existe un rumor que no cesa… Algunos aseguran que paseando por la judería, a veces, aparece paseando un caballero que porta un bastón y una capa, como salido de otro tiempo. Dicen que si te fijas bien en él descubrirás su secreteo ya que no posee aquello que todos por humanos poseemos: su sombra, no aparece, porque su sombra se la llevó, a lo más profundo del averno, el tentador del hombre, el mismísimo Diablo.

OTO (Orden del Toledo Oculto)